La historia de los extintores en la República Argentina refleja la evolución de la prevención de incendios en edificios, industrias, comercios, vehículos y espacios de trabajo. Lo que hoy parece un elemento básico y cotidiano fue, en realidad, el resultado de un largo proceso de incorporación tecnológica, normalización técnica y consolidación normativa.
El matafuego no nació en la Argentina en la forma en que hoy lo conocemos. Su presencia se fue consolidando a medida que el país avanzó en materia de seguridad edilicia, protección laboral, prevención de siniestros y organización técnica de los riesgos. Con el tiempo, dejó de ser un simple recurso complementario para convertirse en un elemento esencial dentro de cualquier esquema serio de protección contra incendios.
Detrás de ese objeto aparentemente simple hay décadas de evolución técnica, cambios normativos, aprendizaje operativo y profesionalización de la prevención.
De los métodos rudimentarios al equipo portátil de extinción
En las primeras etapas del desarrollo urbano argentino, la lucha contra el fuego dependía de recursos muy elementales y de respuesta inmediata. No existía todavía una cultura extendida de prevención con equipos portátiles específicos colocados estratégicamente en los edificios o establecimientos.
Con el crecimiento de las ciudades, la expansión comercial e industrial y el aumento de los riesgos asociados al almacenamiento, la electricidad, los combustibles y los procesos productivos, comenzó a resultar necesario contar con elementos de extinción de uso inmediato, accesibles y adecuados al tipo de fuego.
En ese contexto, el extintor portátil fue ganando lugar como herramienta práctica para actuar sobre fuegos incipientes antes de que un evento se transformara en un siniestro mayor.
Línea de tiempo: hitos en la historia del extintor en Argentina
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Siglo XIX
Métodos elementales y bomberos voluntarios
La extinción de incendios dependía de la respuesta comunitaria, agua en baldes y arena. No existían equipos portátiles diferenciados.
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1900–1940
Primeros extintores importados
Con la industrialización y el crecimiento urbano, comienzan a usarse extintores importados de origen europeo. Presencia esporádica, sin marco técnico nacional.
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1940–1960
Consolidación del extintor como equipo técnico
El matafuego empieza a diferenciarse por tipo de agente extintor y clase de fuego. Primeras iniciativas de normalización. Uso generalizado en industrias y grandes comercios.
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1960–1980
Desarrollo de la normalización técnica
IRAM avanza en la definición de normas técnicas para extintores portátiles. Se establece una base de clasificación por potencial extintor, agente y clase de fuego.
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1979
Dec. 351/79 PEN — Higiene y Seguridad en el Trabajo
La protección contra incendios pasa a ser una exigencia legal en el ámbito laboral. Los extintores quedan incorporados como parte obligatoria de las medidas preventivas con criterios de cantidad, ubicación y adecuación al riesgo.
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1980–2000
Expansión a todos los ámbitos
El extintor se vuelve obligatorio y habitual en locales comerciales, edificios de propiedad horizontal, transporte, establecimientos de salud y educación. Se consolida el rol de los servicios de recarga y mantenimiento.
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2000–hoy
Trazabilidad, certificación y criterio técnico
El foco se desplaza de la "tenencia" al "criterio": extintor correcto, bien ubicado, con mantenimiento verificable. Normas IRAM actualizadas, sistemas de certificación y mayor exigencia de los organismos de control.
El papel decisivo de la normalización técnica
Uno de los pasos más importantes en la historia de los extintores en la Argentina fue la estandarización técnica. La aparición de normas nacionales permitió ordenar criterios sobre nomenclatura, clasificación, distribución, instalación, mantenimiento y recarga.
Ese proceso fue fundamental porque ayudó a unificar conceptos y a profesionalizar el uso del matafuego. Desde entonces, comenzó a importar no solo la presencia del equipo, sino también:
- El agente extintor y su compatibilidad con el tipo de riesgo
- La clase de fuego para la cual el equipo es apto (A, B, C, D, K)
- Su potencial extintor expresado en la etiqueta
- La ubicación dentro del establecimiento y la distancia de recorrido
- La señalización y la accesibilidad del equipo
- El mantenimiento periódico y la trazabilidad del servicio
Gracias a esa evolución, el extintor comenzó a integrarse de manera más seria en la gestión preventiva, dejando atrás una lógica improvisada o meramente formal.
La consolidación normativa en el ámbito laboral
Un punto decisivo en la historia argentina del matafuego fue su consolidación dentro del sistema legal de Higiene y Seguridad en el Trabajo. A partir del Decreto 351/79 (Anexo VII), la protección contra incendios pasó a formar parte de las condiciones obligatorias en los establecimientos, con exigencias vinculadas a:
- Cantidad mínima de extintores según superficie y riesgo
- Características técnicas adecuadas a las clases de fuego presentes
- Ubicación accesible y señalización normalizada
- Mantenimiento periódico con registros verificables
Este cambio fue clave porque convirtió al matafuego en una exigencia técnica dentro de la organización preventiva de los lugares de trabajo. Su presencia dejó de responder solo al criterio del propietario y pasó a estar vinculada a obligaciones reglamentarias con consecuencias ante incumplimiento.
El Dec. 351/79 PEN (Anexo VII) y las normas IRAM de la serie 3517 siguen siendo las referencias técnicas y legales centrales para extintores en Argentina. La Resolución SRT 85/2012 actualizó criterios específicos sobre mantenimiento y recarga.
Evolución de los agentes extintores
La historia de los extintores en el país también está marcada por la evolución de los agentes utilizados. Algunos equipos antiguos fueron quedando atrás por razones de eficacia, seguridad o impacto técnico, mientras que otros se consolidaron como soluciones de referencia.
Agua
Eficaz en fuegos Clase A. Prohibido en riesgos eléctricos. Vigente en variante pulverizada.
Espuma (AFFF)
Clase A y B. Buena cobertura de derrames. Requiere gestión de residuos.
Polvo químico seco
Gran difusión por versatilidad. Apto A, B, C según formulación. Estándar en Argentina.
CO₂
Sin residuos. Clase B y equipos eléctricos. Requiere espacio ventilado y EPP para el operador.
Agente K
Específico para fuegos Clase K (aceites de cocina). Obligatorio en cocinas industriales.
Agentes descontinuados
CCl₄ y halones: retirados por toxicidad y daño a la capa de ozono (Protocolo de Montreal).
De la simple tenencia al criterio técnico
Uno de los grandes cambios en la historia del extintor en la Argentina fue el paso desde una visión básica —"tener un matafuego"— hacia una mirada más técnica y profesional: tener el matafuego correcto.
Ese cambio implicó comprender que no todos los fuegos son iguales, y que por lo tanto no todos los extintores sirven para cualquier situación. También implicó asumir que un extintor mal ubicado, descargado, vencido, obstruido o inadecuado puede resultar inútil en el momento crítico —y en algunos casos, peligroso.
A partir de esta evolución, tomaron mayor relevancia aspectos como:
- La selección según clase de fuego y riesgo específico del establecimiento
- La compatibilidad con riesgos eléctricos presentes en el área
- La distancia máxima de recorrido hasta el extintor
- El control periódico y la recarga dentro de los plazos normativos
- La conservación del equipo sin obstrucciones ni deterioro visible
- La capacitación mínima del personal para su uso correcto
Mantenimiento, recarga y trazabilidad
Otro aspecto central en la historia del extintor en la Argentina fue la comprensión de que no alcanza con comprar el equipo e instalarlo. Un matafuego solo cumple su función si se encuentra en condiciones operativas reales.
El mantenimiento, la recarga, la verificación periódica y la trazabilidad del servicio fueron ganando cada vez más importancia. El desarrollo de normas y sistemas de control ayudó a ordenar esta parte crítica del proceso, ya que un extintor aparentemente presente pero técnicamente inservible genera una falsa sensación de seguridad — que puede ser más peligrosa que la ausencia del equipo.
El extintor dejó de ser visto como un objeto fijo colgado en una pared y pasó a ser considerado un equipo de seguridad que requiere seguimiento técnico permanente, historial verificable y certificación del servicio de mantenimiento.
El extintor como símbolo de prevención
Hoy, el matafuego es uno de los elementos más reconocibles de la prevención de incendios en la Argentina. Está presente en casi todos los ámbitos y forma parte del paisaje habitual de la seguridad. Sin embargo, su valor no es decorativo ni burocrático.
Representa una idea concreta: la posibilidad de actuar a tiempo frente a un principio de incendio. Su historia en el país demuestra que detrás de ese objeto aparentemente simple hay décadas de evolución técnica, cambios normativos, aprendizaje operativo y profesionalización de la prevención.
Conclusión
La historia de los extintores en la República Argentina es la historia de un proceso de maduración técnica y preventiva. Desde los primeros recursos elementales hasta los equipos actuales sujetos a criterios normativos, instalación adecuada, mantenimiento y recarga, el matafuego se consolidó como una herramienta indispensable en la protección contra incendios.
Entender esa evolución permite valorar mejor su verdadera importancia. Un extintor no es un accesorio ni un requisito para "cumplir". Es un recurso técnico de intervención inmediata que puede marcar la diferencia entre un principio de incendio controlado y una emergencia de mayores consecuencias.
Por eso, hablar de la historia de los extintores también es hablar del crecimiento de la cultura preventiva en la Argentina.